Aceptando la Soledad

Ha aparecido una mujer nueva en mi vida, un duendecillo pelirrojo que me deja paralizado con su sonrisa. No se equivoquen, Rizos sigue estando allí, es más, podría decirse que los sentimientos son los mismos.

Sin embargo en Rizos percibo un atisbo de prevención, como si sospechara lo que ronda por mi cabeza en ocasiones. Ella también parece estar guardando ciertas distancias de seguridad. Por el contrario en Duende a veces siento que es lo contrario, que ella da tímidos pasos para acercarse a mí.

Por supuesto eso es imposible (y puedo demostrarlo matemáticamente, que diría una amiga), ninguna mujer en su sano juicio elegiría establecer cualquier tipo de relación más allá de lo cortés conmigo. Hay gente más efusiva que otros, supongo.

Un amigo me decía el otro día que seguramente nunca tenga más oportunidades de conocer mujeres que ahora. Lamentablemente es cierto, lo cual me lleva a la conclusión de que mi destino es vivir sin compañía, por mucho que sea capaz de amar, no soy capaz de ser amado. Uno puede ser afortunado en el amor, o puede no serlo. Y a mí me ha tocado no serlo, jamás.

Así que ando intentando hacerme a la idea de que viviré y moriré solo, o al menos sin la compañía de alguien que apoye incondicionalmente, que te brinde su apoyo y que enriquezca tu vida. Aunque mentalmente pueda imaginarme mi vida junto a otra persona, sé que es todo producto de mi imaginación.

~ por navegante en Diciembre 12, 2006.